¿IGUALDAD?

Esto de la igualdad y la paridad (¿no son lo mismo?) no sé muy bien a quién se le ha ocurrido. Yo siempre he creido en las personas, sin más. Me imagino que igual que la mayoría de la gente. Y además confío en los ciclos naturales y ya deberíamos haber aprendido que “cuando se fuerza la máquina…”.Y es que los extremismos, los radicalismos, no se conciben en mi cabeza. ¡Pero si hasta parece que hay pacifistas radicales!, pero ¿y eso qué es?

El caso es que, como decía, esto de la igualdad me parece también de un radicalismo bestial. Resulta que ahora tenemos que parecernos en todo, ¡qué digo parecernos!: que el hombre y la mujer deben ser iguales en todo. Pero, ¿y esto cómo se come? Yo no quiero parecerme a un gorila fortachón lleno de pelos, ni quiero trabajar de portero (o portera?) en una discoteca o ir a la guerra cargando un kalashnikov y que se me rompan las uñas.

Y es que los extremos nunca son buenos. Yo creo más en la normalización y, seguro que sin tanta presión mediática, política y social y sin tanto boato y tanta psicología inventada, la evolución natural nos hubiera llevado a lo que hoy se nos ha impuesto por ley. Resulta que los cargos políticos y administrativos están sujetos a la “ley de paridad” que regula el número de hombres y el de mujeres que deben ocupar dichos puestos con el fin de “equilibrar”. Y yo me pregunto y ¿esto no es discriminación ni favoritismo? Hemos llegado a tal extremo de ser capaces de colocar en un puesto de relevancia a una persona de un sexo concreto, arriesgándonos a que sea menos apropiada para desempeñar sus funciones, sólo por el hecho de demostrar a no sé quién (a los de marte quizá?) que somos iguales.

Pues, ¿saben qué?, que yo me cago literalmente en la igualdad. Porque yo reivindico la diferencia sexual, porque somos distintos física y psíquicamente, porque tenemos necesidades y ambiciones diferentes y porque, del mismo modo en que un hombre es diferente a otro hombre, una mujer por necesidad es distinta a un hombre. Y reivindico además la normalización: no más debates sobre gays y lesbianas, no más luchas por la igualdad entre sexos, no más moralistas de pacotilla, no más críticas a transexuales, heterosexuales, homosexuales y todo lo que acabe en -sexuales. Los que manejan los hilos quieren entreternos con charlas absurdas y baratas para desviar nuestra atención mientras nos choricean, nos mangonean, nos llevan a la guerra y negocian con nuestros asesinos.

¿Qué podemos esperar de un país que llama democracia a dejarnos votar entre dos grupos cada cuatro años? Quieren alimentar al pueblo a base de cheques bebés, fotos en las Azores, quema de banderas, “aquí hay tomatesssss”, igualdades y mariconismos cuando, en realidad, lo que necesitamos son puestos de trabajo, sueldos decentes, casas donde vivir, una red de transporte público efectiva, que baje la gasolina, que no suban la leche ni los huevos, que no nos toquen los huevos, ramplas para minusválidos, colegios y educación y que cuando seamos viejos alguien nos cuide porque nos lo mereceremos.

Y puestos a pedir y a abogar por tanta igualdad, a ver si la ministra o el ministro (cuidado con el lenguaje sexista!!!) de turno, me hace un carné que obligue a mi mecánico a cobrarme lo mismo que si llevara el coche mi marido. Eso sí sería igualdad.

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