TU DUCATI Y YO

Ya soy una freak. Y no sé bien por qué pero no me molesta. Con el paso de los años y echando la vista atrás de vez en cuando, me doy cuenta de que soy una “rara”. Pero tampoco me molesta. Ya he aprendido que eso me distingue. Y si se trata de ser diferente, lo he conseguido. Siempre he envidiado a los actores, ellos siempre son diferentes: pueden ser muchos en uno. Viven más de una vida.

Por eso quizá, me he aprovechado de nuevo de Antonio. Me ha proporcionado muchas cosas bellas, gran parte de lo que soy se lo debo a él. Gracias. Él me ha acercado a las motos. Y he descubierto muchas cosas. Por ejemplo, el amor por las motos no es para gordos de pelo largo, tatuados, borrachos, machorras, porretas, niñatos, mataos de la vida: estereotipos de cine y telenovela. No. También he descubierto los días en la Sierra, la charla con los amigos, las competiciones en los circuitos. Viajo y conozco nuevos ambientes, nuevos lugares. De cada uno de ellos me llevo algo: las risas con Sonia y Silvia, el “si no te lo esperabas, pues espératelo”, las sudaderas, Cádiz, Estoril, Valencia, Higuera, Tarifa, los vaciles con Felipe por la pasta que nos sopla, la unión, la generosidad de Mayte, las caras de Nora, el piercing del campanero, la sonrisa de Raquel, la afectividad de Jose, los silencios de José Manuel, la espontaneidad de Gloria, Adolfo y su abogado, Antonio y sus tongos, y entonces Vanesa, los bailes de Óscar, el calendario, el Dragón, la dulzura de Carmen, la seriedad de Ricardo, la simpatía de Fran, … Estoy empezando a pensar muy seriamente que las motos son una excusa. Al menos para mí. Lo reconozco.

La última ha sido Cádiz, siempre hermosa y alegre. Nos regaló el abrazo de su gente, la calidez de su cielo, el azul de su mar, la brisa de sus rincones. Participó con nosotros en un evento para recaudar fondos para niños enfermos de cáncer. Y recaudamos. Nos utilizaron, pero nos dejamos.

Gracias Antonio. Espero que las motos me sigan permitiendo vivir más de una vida. Es un gran regalo.

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