OÍDO COCINA!!
Así la recuerdo desde siempre. La cocina siempre húmeda. Mil pucheros a la vez. Siempre volvía a casa con alegría. Siempre me divertía. Al entrar en casa, miro a la cocina. No la veo. “¿Y mi madre?”. Payasa. Detrás de una puerta esperando para asustarme. Qué buenos recuerdos. Otra vez, venía con un huevo en la mano y me lo estrellaba en la cabeza. Vaya susto. Era duro. Siempre jugando. Siempre haciéndonos reír.
Por la tarde, la merienda con Barrio Sésamo. Al terminar, me ayuda a buscar en el diccionario. Me toma la lección. Me lo sé. Soy la mejor. La más lista. Cuenta de memoria. Corrige las cuentas a toda velocidad. Vamos en el coche y hacemos competiciones de leer carteles. Voy a todas las excursiones. Siempre me deja. Me lleva de campamento. Se lo agradeceré siempre. Por la noche, carreras de pijamas. Quién termina antes de vestirse? Cantamos. Prefería que me tocara con ella. Aunque no ganáramos, me lo pasaba mejor. Acostarse con carcajadas, ¿se te ocurre un plan mejor?
En Olivares todos la querían. Era igual de divertida con todos. Tiraba caramelos desde el zaguán y allí estábamos los niños tirados por el suelo muertos de la risa. Recuerdo las frescas noches de verano. Las sillas en la puerta de casa. Las charlas con los vecinos. La Fretu le pedía los bolsos, los zapatos y la ropa cuando iba a salir con su novio. Yo me metía en la habitación con ellas mientras se probaban trapos y compartían confidencias. Mi tarta de cumpleaños. Ninguna como la de entonces. Tarta de galletas y chocolate. Batidos RAM. Piscina. Jazmines en el pelo. Y a la calle.
Y ella siempre estaba ahí. Pero, ¡cuánto la eché de menos! Estuve de acuerdo en que se marchara con él. Quería apoyarla como ella había hecho conmigo todo el tiempo. Pero sufrí, sufrí mucho. ¡La necesitaba tanto! Y todo para qué. Todos nos esforzamos mucho en aquel tiempo. Todos menos él. Nos robó a todos. El tiempo, el amor, la confianza, las ilusiones, la familia, la paz. Me la robó a ella. Pero la admiro. Porque ha sabido encontrar lo que buscaba. Lo que necesitaba. Ahora es feliz. No quiere decirlo muy alto. Pero es feliz. Otra vez ríe. De nuevo se esconde para asustarme cuando llego a casa y me estrella huevos duros.
Hace mucho que la desnudé. Fallas, como todos. Pero estás vieja para cambiar tanto. También aciertas. Es justo decirlo. Ahora habla de filosofía. La edad nos enseña tanto. Verdad mami?
En Navidad, Ana me contó cómo se sentía. Fue revelador. Me dijo que era raro. Se sentía mal. Cada vez que tenía una pregunta. Cada vez que quería contar algo. Se acordaba de su padre. Y era desastroso darse cuenta de que no estaba. La entiendo. Me angustia pensar que no puedo llamarte para hablar de esas cosas que sólo hablo contigo. Así que ponte las pilas. Cuídate por favor. Sigue adelgazando. No fumes. Camina.
Por cierto, saca la cola de toro que en breve estamos allí invadiendo tu casa y disfrutando de tus manjares.

Sigue llenando mi vida de buenos momentos. Serán gratos recuerdos.
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Bieniendo de ti, no se podria esperar menos de lo que has escrito que es muy bonito y a la vez entrañable porque recuerda muchas cosas de nuestra vida contadas con el mayor lujo de detalles que al leerlas pareciera que las estas reviviendo nuevamente.
Sigue asi y no cambies nunca, que vales mucho mas de lo que imaginas.
Te quiero mucho.
Patricia.
Patricia - Marzo 31, 2008 at 9:03 pm