UN DÍA EN LAS CARRERAS-(Estoril)

No pretendo hacer comparación alguna. Pero es que yo también he pasado un día en las carreras. Este fin de semana se ha celebrado el Gran Premio de Motociclismo de Portugal. Hemos viajado hasta Estoril con un grupo de amigos. Nada que ver con la joya fílmica a la que aludo. Pero no estuvo mal. Te las recomiendo.

La crónica. Antonio y yo nos fuimos el viernes bien temprano para aprovechar el día de turismo por Lisboa. Es una ciudad compleja. Conviven a un tiempo fachadas ruinosas, edificios abandonados, con construcciones modernas, restos de murallas antiguas, grafittis y monumentos. El trazado es completamente irregular. Son conocidas sus cuestas. Una muestra más de su paradoja es el tranvía. El antiguo, ése que puedes montar en marcha, pequeño, de hojalata, comparte sus calles con el otro, el moderno y con el tren y el metro. Es una ciudad anclada en el pasado con un pie en el futuro, al que se resiste a llegar. Más bien, parece no querer abandonar esa imagen débil, pobre, sucia, propia de otras civilizaciones. Eso sí, comprar droga es fácil. Sólo tienes que pasear por el centro y se te echan encima los vendedores.

Es extraño. Costumbres comúnmente criticadas, vistas en otro entorno parecen tener “encanto”. Por ejemplo. La ropa tendida en las ventanas, dando a la calle, ensuciando el paisaje. Aquí es barriobajero, de chabola. Pero si vas fuera, un poner, a Lisboa, pues tiene cierto encanto. No sólo Lisboa es compleja. También el viajero.

Las paredes están llenas de pintadas que conviven con la gente.

Se bebe en la calle. Suerte. Aún no lo han prohibido. La zona de Baixa-Chiado que visitamos en la noche está llena de pequeños locales, nada acogedores. Las calles están repletas de gentío. Ruido. Mucho ruido. A pesar de ese acento delicado y suave que tienen los portugueses.

El Sábado. Decidimos unirnos a los que iban a los entrenamientos. Fue una experiencia increíble. Nunca creí que ese ambiente pudiera atraerme. Pido disculpas a todos aquellos a los que he criticado desde el sofá centenares de veces cuando les he visto en la tele acompañando a sus equipos alrededor del mundo. Siempre me había parecido algo absurdo. Al final lo he comprendido. Es una excusa más para disfrutar de otros países, aunque sea brevemente. Disfrutar de los amigos y hacer algo diferente. En mi caso al menos, sólo se trata de incorporar nuevas experiencias y de compartirlas. Además, la sonrisa y la ilusión de AC no la cambio por nada.

Después se conciliaron los astros para que todo se torciera. Ya salimos tarde del autódromo. Queríamos comer en un restaurante brasileño que nos habían recomendado Silvia y Óscar. Las motos se perdieron. Dos horas tardaron en llegar a la zona de la Expo. Nosotros, en coche, hora y media. Desesperados, hambrientos, lesionados (Eli llevaba un pie hinchado y subía en unos tacones de 10 cm). Aparcamos. El restaurante estaba cerrado. Evidentemente. Eran las 18:00h, hora local. Gracias a que el Vasco Da Gama estaba en ebullición. Todo tipo de restaurantes. Elegimos Pizza Hut. Delicioso. Y la liamos. Empezamos con el “crusaito”, seguimos con las Sevillanas y terminamos con la conga. Casi nos echan. Sonrieron relajadamente cuando decidimos marcharnos.

De vuelta al hotel. Esta vez, las motos nos siguieron para no perderse. Pero a pesar del GPS, hubo alguna oveja descarriada. Ya en el hotel. Lavaíto del gato y pal centro. Cogimos el metro. A Ismael le hacía ilusión probarlo. Bebimos mojitos y caipirinhas. Volvimos a liarla. Más “chikilicuatre”, más coplitas de la tierra. Nos retiramos pronto. Queríamos salir temprano para ver las carreras.

El Domingo. Suena el despertador. Las 7:30h, hora local. A la ducha. Recogida de maletas. Desayuno. Pago. Cargamos el coche y, por fin, salimos para Estoril. Cuando llegamos, no quedaba ni un huequito en la supergrada. Nos conformamos con tirarnos en la mala-yerba y ver sólo una curva. Fue más emocionante el día anterior. Es lo que tiene la novedad. De piratas, habíamos pecado de “catetos a babor” y nos hicimos el almuerzo a base del buffet del desayuno. Santa idea.

La vuelta fue larga. Jorge y la lesionada Eli se vinieron con nosotros. Hicimos muchas paradas. Éramos como el safety car. Asistimos a todos los motoristas. Llevábamos sus equipajes.

Al fin, llegamos a Olivares. Caramelo estaba con los abuelos. Menos mal que Nieves y Manolo lo tenían todo preparado. Una cenita rápida y deciliosa y pa casa.

Un largo fin de semana. Emociones nuevas. Sensaciones diferentes. Amigos nuevos. Buena combinación. A pesar de todas las incidencias (caída de Jorge, torcedura de tobillo de Eli, se cayó la moto de Juanma, rotura del disco de freno de Ismael, cadena fuera de Jaime) y de las inclemencias del tiempo, Estoril, te doy un notable alto por mi primer día en las carreras.

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